El producto final de una experiencia es una emoción y las emociones son energía en acción o energía en movimiento. Y puesto que, donde ponemos nuestra atención es donde ponemos nuestra energía, cuánto más fuerte sea la emoción que sentimos hacia alguna persona, más le entregamos nuestra atención y, por lo tanto, le estamos entregando nuestra energía.

Las distintas emociones a menudo tienen relación con los diferentes tipos de relaciones que tenemos en nuestras vidas, las cuales se basan en cómo experimentamos o en cómo hemos experimentado a una persona. Por poner un ejemplo, si eres una persona dependiente, entonces es probable que tengas relaciones basadas en la necesidad, en la dependencia o en la carencia. Debido a que las distintas relaciones se basan en las diferentes emociones, también es probable que tengas una relación con tu ex basada en el resentimiento o en el enojo, o una con tu jefe basada en el miedo o en que te sientes poco valorado/ a, o una con tu madre basada en la culpa y en el sufrimiento.

Por esa misma razón, si tienes relaciones basadas en el amor, cuanto más fuerte sea el amor que sientas hacia esa persona, más atención y energía le estás dando. Y lo mismo ocurre con la gratitud, el gozo, la libertad, etc. Son las emociones, las que nos permiten unirnos energéticamente a alguien en la vida. Así que cuando tenemos una conexión emocional con alguien y vivimos las mismas experiencias, compartimos, nos relacionamos y estamos vinculados a través de esa misma energía porque hay una concordancia vibracional.

Ahora sabemos que cuando una persona cambia su energía —cuando empieza a abrir su corazón y a sentir emociones elevadas— genera un campo magnético externo. Este campo brota del cuarto centro, que es el centro que nos conecta con el campo unificado. El centro del corazón es el espacio en el que los opuestos se conectan; es el centro en el que la polaridad y la dualidad se encuentran; y es la conexión entre la materia y el espíritu. Este es el lugar desde donde se inicia la plenitud y dónde empieza nuestra divinidad.

Dado que, cuando abrimos nuestro corazón, éste irradia un campo coherente, empezamos a sentirnos menos polarizados, menos analíticos y menos ansiosos. El resultado es que empezamos a ver la vida a través de un prisma diferente. Esa frecuencia generada a partir de emociones elevadas transporta información, como, por ejemplo, cuando una persona cambia su energía y empieza a desarrollar un pensamiento de salud o de abundancia, ese pensamiento de salud o de abundancia puede ser transportado en esa frecuencia. El pensamiento de salud no puede ser transportado en la frecuencia o en la emoción del sufrimiento porque son frecuencias distintas, por lo tanto, transportan un conjunto diferente de pensamientos e información. La conclusión es que el hecho de elevar tu estado emocional puede empezar a cambiar literalmente la forma en que te relacionas con otras personas en tu vida. Así que, ¿qué importancia tiene todo esto?

Si mantienes relaciones personales basadas en emociones bajas como el sufrimiento, la competición, la frustración, el enojo, etc. (en otras palabras, estás usando a distintas personas para reafirmar tu adicción a estas diferentes emociones o acuerdos emocionales), cuando cambies tu energía, ya no habrá una concordancia emocional con esa persona.

Cuando eso sucede, puede darse una de estas dos posibilidades. La primera es que la persona con la que has intercambiado tu vínculo emocional/ energético, desaparezca de tu vida. ¿Por qué? Porque como ya no le estás prestando atención, porque ya has dejado de sentir esa emoción, ya no le estás entregando tu poder. Y como ya has dejado de sentir esa emoción que antes asociabas con esa persona, también has dejado de pensar en ella. Cuando superas esas emociones y elevas tu energía, podríamos decir que ya no hay una concordancia vibracional entre tú y esa persona.

Si sientes congoja, culpa o vergüenza, dado que son energías vibracionales más bajas, sabemos que, a la larga, esas emociones regulan los genes a la baja, crean dolencias crónicas y finalmente se acaban manifestando como enfermedades. Por lo tanto, si una persona empieza a cambiar su estado energético y a irradiar una nueva energía al campo, ¿es posible que eso pueda afectar el sistema nervioso autónomo de otra persona? La respuesta es un sí rotundo. ¿Cómo lo sabemos? Porque lo hemos estudiado innumerables veces tomando hasta 750 personas o más en una sala y pidiéndoles que abran sus corazones para generar un campo magnético externo.

Por lo tanto, la segunda posibilidad que puede darse a medida que vas elevando tu energía es que en vez de que otra persona pueda bajar tu energía, si tu energía es suficientemente fuerte, puedes arrastrar a los demás a un estado emocional más elevado.

No te pierdas la Parte II dónde explicaré cómo podemos sincronizarnos y qué tiene eso que ver con sanarse a uno mismo y con sanar a los demás.

 

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